Meses después de su estreno y de su batacazo en taquilla, ayer pude ver la última película de David Lynch: Inland Empire. Desde siempre he sentido especial fascinación por este director, posiblemente por su especial manera de contarnos las historias: su estudiada y personal puesta en escena, el inteligente uso de la música (magistarles creaciones de su compositor habitual Angelo Baladamenti), los rocambolescos argumentos y las excelentes interpretaciones que consigue de sus actores y actrices.
Me embobé con Cabeza Borradora, disfruté con Tercipelo Azul, me emocioné con Una Historia Verdadera y aluciné con Carretera Perdida y Mulholland Drive; sin olvidarme del buen recuerdo que aun tengo de la serie Twin Peaks.
Tras las casi tres horas de metraje de Inland Empire me vinieron a la cabeza todas las críticas negativas que este film recibió en su presentación en Venecia y en su estreno posterior en el resto del planeta: que si es una tomadura de pelo, que si ni el propio director sabe que estaba rodando, que si era un insulto al espectador que no hubiera guión previo, que si Laura Dern (protagonista del film) estaba más perdida que la madre de Marco... No creo que haya para tanto, pero sí para un rato largo.
Inland Empire nos cuenta la historia de Nikki (Laura Dern), una actriz que consigue un papel en una película que antaño no se pudo rodar y que, años más tarde, se va a retomar. Esta premisa argumental dura aproximadamente los primeros 50 minutos de todo el metraje, a partir de aquí la película se convierte en una free movie plagada de escenas aparentemente inconexas entre ellas: situaciones de violencia doméstica, prostitutas bailando el Locomotion de Kylie Minogue, intentos de asesinato, dobles personalidades en dobles realidades... y lo mejor de todo, escenas de una especie de sitcom protagonizada por personas con cabezas de conejo.
No es, ni de lejos, la mejor película de Lynch (veáse Una Historia Verdadera o Mulholland Drive) pero hay que reconocerle algún que otro un mérito. Hay que reconocerle la valentía de presentar un film que rompe los esquemas narrativos (mentales) de los espectadores (aunque esto ya lo hayan hecho otros films), que rompe el establecido orden por el que funcionamos cotidianamente. Porque a veces no tiene que haber un principio y un final, porque a veces un ser humano puede ser más de una persona a la vez, porque a veces estamos despiertos en los sueños y nos dormimos en la realidad. Y verlo en una pantalla de cine es atractivo.
Sin embargo, Lynch juega a un juego peligroso: la pérdida de complicidad con el espectador, algo que siempre había conseguido. Más que en ningún otro film del director, si no te metes en la película desde el principio, mejor levantarse e irse de la sala (o apagar el DVD)... no creo que avanzado el metraje nadie se pueda enganchar a una historia demasiado troceada y confusa. Además, después de acabar de ver la película, aun te preguntas de qué trata realmente: ¿tratará del influjo de una película maldita en sus protagonistas (como si de una historia de Stephen King se tratara)?, ¿tratará del sueño de una prostituta por ser actriz?, ¿tratará de la huida de una mujer maltratada por su marido?, ¿tratará de volver a criticar (veáse de nuevo Mulholland Drive) el star system hollywoodiano?
A pesar de todo lo anterior (hechos que personalmente podría pasar por alto en un film de Lynch) hay una cosa que me ha molestado especialmente: la pérdida de belleza y atractivo formal (escenografía, iluminación, fotografía...). No encuentro en Inland Empire ni una sola escena (vale, quizá el final tenga algo de esto, pero poco eh) que esté ideada para emocionar o embobar al personal: demasiado desorientada en un argumento que ni hay que molestarse en entender, la película pierde en dejar de lado la construcción de ese clima lynchiano (misterio, nostalgía, melancolía, peligro ímplicito) que tan buenos resultados ha dado. Todo se vuelve demasiado frío, la técnica del rodaje en vídeo digital hace un flaco favor a David Lynch: se traiciona a sí mismo.
Loable la interpretación de Laura Dern y correcta la del resto del casting, especialmente si ni ellos sabían de qué trataba el film. Un aprobado holgado para la música y la ambientación sonora y un aprobado justo/suspenso alto para el resto: fotografía, escenografía, puesta en escena...
He leído por ahí que en el festival de Berlín vieron una versión reducida de 88 minutos (la mitad de metraje que la versión estrenada en cine) y que posiblemente fuera mejor. Dejadme que dude de ello, Mulholland Drive duraba 2 horas 30 minutos y era excepcional; con Inland Empire Lynch ha sido infiel a sí mismo y da lo mismo que tal traición dure una hora y media o tres horas.
Aún así, espero que Lynch vuelva a su universo de siempre y que os animéis a ver la película, aunque suene contradictorio después de lo escrito.
Me embobé con Cabeza Borradora, disfruté con Tercipelo Azul, me emocioné con Una Historia Verdadera y aluciné con Carretera Perdida y Mulholland Drive; sin olvidarme del buen recuerdo que aun tengo de la serie Twin Peaks.
Tras las casi tres horas de metraje de Inland Empire me vinieron a la cabeza todas las críticas negativas que este film recibió en su presentación en Venecia y en su estreno posterior en el resto del planeta: que si es una tomadura de pelo, que si ni el propio director sabe que estaba rodando, que si era un insulto al espectador que no hubiera guión previo, que si Laura Dern (protagonista del film) estaba más perdida que la madre de Marco... No creo que haya para tanto, pero sí para un rato largo.
Inland Empire nos cuenta la historia de Nikki (Laura Dern), una actriz que consigue un papel en una película que antaño no se pudo rodar y que, años más tarde, se va a retomar. Esta premisa argumental dura aproximadamente los primeros 50 minutos de todo el metraje, a partir de aquí la película se convierte en una free movie plagada de escenas aparentemente inconexas entre ellas: situaciones de violencia doméstica, prostitutas bailando el Locomotion de Kylie Minogue, intentos de asesinato, dobles personalidades en dobles realidades... y lo mejor de todo, escenas de una especie de sitcom protagonizada por personas con cabezas de conejo.
No es, ni de lejos, la mejor película de Lynch (veáse Una Historia Verdadera o Mulholland Drive) pero hay que reconocerle algún que otro un mérito. Hay que reconocerle la valentía de presentar un film que rompe los esquemas narrativos (mentales) de los espectadores (aunque esto ya lo hayan hecho otros films), que rompe el establecido orden por el que funcionamos cotidianamente. Porque a veces no tiene que haber un principio y un final, porque a veces un ser humano puede ser más de una persona a la vez, porque a veces estamos despiertos en los sueños y nos dormimos en la realidad. Y verlo en una pantalla de cine es atractivo.
Sin embargo, Lynch juega a un juego peligroso: la pérdida de complicidad con el espectador, algo que siempre había conseguido. Más que en ningún otro film del director, si no te metes en la película desde el principio, mejor levantarse e irse de la sala (o apagar el DVD)... no creo que avanzado el metraje nadie se pueda enganchar a una historia demasiado troceada y confusa. Además, después de acabar de ver la película, aun te preguntas de qué trata realmente: ¿tratará del influjo de una película maldita en sus protagonistas (como si de una historia de Stephen King se tratara)?, ¿tratará del sueño de una prostituta por ser actriz?, ¿tratará de la huida de una mujer maltratada por su marido?, ¿tratará de volver a criticar (veáse de nuevo Mulholland Drive) el star system hollywoodiano?
A pesar de todo lo anterior (hechos que personalmente podría pasar por alto en un film de Lynch) hay una cosa que me ha molestado especialmente: la pérdida de belleza y atractivo formal (escenografía, iluminación, fotografía...). No encuentro en Inland Empire ni una sola escena (vale, quizá el final tenga algo de esto, pero poco eh) que esté ideada para emocionar o embobar al personal: demasiado desorientada en un argumento que ni hay que molestarse en entender, la película pierde en dejar de lado la construcción de ese clima lynchiano (misterio, nostalgía, melancolía, peligro ímplicito) que tan buenos resultados ha dado. Todo se vuelve demasiado frío, la técnica del rodaje en vídeo digital hace un flaco favor a David Lynch: se traiciona a sí mismo.
Loable la interpretación de Laura Dern y correcta la del resto del casting, especialmente si ni ellos sabían de qué trataba el film. Un aprobado holgado para la música y la ambientación sonora y un aprobado justo/suspenso alto para el resto: fotografía, escenografía, puesta en escena...
He leído por ahí que en el festival de Berlín vieron una versión reducida de 88 minutos (la mitad de metraje que la versión estrenada en cine) y que posiblemente fuera mejor. Dejadme que dude de ello, Mulholland Drive duraba 2 horas 30 minutos y era excepcional; con Inland Empire Lynch ha sido infiel a sí mismo y da lo mismo que tal traición dure una hora y media o tres horas.
Aún así, espero que Lynch vuelva a su universo de siempre y que os animéis a ver la película, aunque suene contradictorio después de lo escrito.
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