domingo, 15 de junio de 2008

La Niebla o el peligro de la democracia

La publicidad nos hace mucho daño. La primera vez que vi un trailer de La Niebla, la última película de Frank Darabont, pensé que estaba delante de un nuevo subproducto hollywoodense que no merecía ni ser visionado en el sofá de mi casa una aburrida tarde de domingo. Sin embargo, el trailer no hacía justicia a la verdad.

En su tercera adaptación de una obra de Stephen King (tras Cadena Perpetua y La Milla Verde), Darabont nos deleita con un interesantísimo film de terror que, a la vez, se convierte en una de las mejores adaptaciones de una obra de King en los últimos años. La acción de la película está situada en un pequeño pueblo de Maine donde, después de una devastadora tormenta, aparece una espesa niebla que mata a todo aquel que se adentra en ella. Un grupo de vecinos se quedarán atrapados en el supermercado del pueblo a la espera de que la misteriosa niebla desaparezca.

Uno teme, porque lo han acostumbrado a ello, que la maldición “adaptando a Stephen King” se vuelva a producir, es decir, que el film presente un atractivo punto de partida, un argumento que prometa pero el final haga aguas por todas partes. Pues no. En casi dos horas de metraje, el ritmo del film no decae ni un momento y el desenlace (aunque a un servidor no le acabe de agradar) es uno de los más valientes y crueles que se han visto últimamente. El protagonismo del film recae sobre David (Thomas Jane) quien, acompañado de su hijo, se erige como el posible héroe que salvará a los clientes del supermercado. En el establecimiento también se encuentra una fanática religiosa Mrs Camody (odiosa Marcia Gay-Herden en un papel que hereda influencias de la asfixiante madre de Carrie¸ otra obra de King), los empleados del supermercado, tres militares de permiso y numerosos vecinos del pueblo.

Con un acertado sentido del ritmo, el film alterna secuencias de acción y algo de gore, con momentos más trascendentales (aunque a veces pequen de ser demasiado obvios) y una interesante evolución de los personajes. Se nos presenta, como es recurrente en las obras de King, el miedo al ser humano. Con el paso de los minutos, el film se impregna con la sensación de que el hombre es el peor enemigo del hombre. Dejando a un lado la trama principal de la mortal niebla, Darabont apuesta por poner su atención en los sentimientos y pensamientos de un grupo de personas que se enfrentan a algo desconocido pero, peor aún, se enfrentan al ser humano en la más primitiva de las situaciones: la necesidad de sobrevivir. Así, vemos como los vecinos del pueblo empiezan a enfrentarse entre ellos y como la voluntad de una alienada mayoría empieza a mandar sobre el resto. Y nadie puede hacer nada porque son mayoría y parece que eso los legitima. Tan devastadores y sanguinarios son los habitantes de la niebla como los que están dentro del supermercado.

A medida que pasan las horas dentro del supermercado, la situación se vuelve insostenible. Un grupo de vecinos empiezan a sentir la necesidad de salir de allí, arriesgar sus vidas pero salir. Así que, después de un merecido ajusticiamiento, que cualquier espectador aplaudirá, un grupo de supervivientes deciden abandonar el establecimiento. Aquí es cuando se llega al impactante final (que no destrozaré) que antes mencionaba. Unos minutos finales que dejan una amarga sensación de desolación y desesperación. Y en ese momento ya no importa el por qué de la niebla o de los habitantes de la niebla, aunque el film se moleste en aclararlo.

En resumen, podríamos decir que La Niebla es mucho más de lo que parece prometer. Nos hace reflexionar sobre la naturaleza del ser humano y su conducta en situaciones hostiles. Y nos hace reflexionar sobre el poder de los grupos mayoritarios en una sociedad muy heterogénea y variada. Todo ello acompañado de unas más que correctas interpretaciones, un acertado tempo y unos simpáticos guiños a los films de clase B.

Lo mejor: la secuencia inicial. La elección del tema musical The host of Seraphim de Dead Can Dance que acompaña a unos sublimes últimos diez minutos.
Lo peor: algunas lagunas e innecesidades de guión.

1 comentario:

Mr. Pato dijo...

Pero que bueno cuando la fundamentalista israelita enloquecida busca-amigas-en-el-baño cae al suelo redonda con ese espantajo de traje que llevaba puesto... argh! Ow Yeah!

Ayyyy es cierto, que final jo!

Y que rico el actor principal :D!!