Hubo esa noche en la que la luna se hizo dolor.
Hubo esa noche en la que las ganas de tenerte me hicieron enloquecer.
Hubo esa noche en la que las estrellas dejaron de latir.
Oscureciendo cada rincón de tu cuerpo, alejando cada pedazo de tu piel.
Hubo esa mañana en la que desperté solo en este hiriente colchón.
Hubo esa mañana en la que olvidé el olor de tu cuello.
Hubo esa mañana en la que el sol, brillando, cegó mis ojos caídos.
Deslumbrando el camino a casa, alejando cada pedazo de tu piel.
Hubo esa tarde en la que empecé a dejar de llorar tu ausencia.
Hubo esa tarde en la que me quise más de lo que te quiero.
Hubo esa tarde en la que el ocaso iluminó nuevos paisajes.
Descubriendo almas desconocidas, alejando cada pedazo de tu piel.
Y volvió esa noche.
sábado, 16 de febrero de 2008
1:30 a.m.
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